03/01/10 A lo largo de una extensa conversación con el responsable de uno de los “hogares” destinados a la reinserción de toxicómanos ubicado en las afueras de Toledo, he podido conocer que la pobreza, a fuer de ser un triste vocablo cada día más frecuente en nuestro lenguaje social, esconde una clasificación técnica que aloja un término que me ha impactado: el “pobre vergonzante”.
Siempre pensé que la pobreza era un concepto económico puro, que colocaba a la persona en situación de dependencia de otros para cubrir sus más primarias necesidades. Pero no es así, la pobreza en Castilla-La Mancha se ha extendido de tal manera, que podemos hablar de rangos de pobres.
Y englobados en una de estas categorías se encuentra el “pobre vergonzante” que es aquel que, habiendo pertenecido a la clase social denominada trabajadora en cualquiera de sus escalas económicas (baja, media o alta) se ve, de la noche a la mañana, sin recursos económicos para subsistir él y su descendencia.
Se trata de un “nuevo pobre” al que podríamos igualar al “nuevo rico” en el desconocimiento de los códigos para moverse en su “nueva clase social”. El “pobre vergonzante” es aquel que esconde su pobreza. Alguien a quien han despojado de su estatus económico y se resiste a ser uniformado con el lado indigno de la pobreza, es decir, a que su entorno conozca que ha llegado a tal situación.
El “pobre vergonzante” llega a ejercer una obligada mendicidad a través de otros que sirven de escudo para mantener en el anonimato a quien está deseando recobrar la condición de autosuficiente social.
Una de las características que hace especial a esta nueva clase es que no pueden reivindicar públicamente el estado en que se encuentran, porque obviamente, lo niegan. No pueden censarse porque no existen registros, sino manos humanas que les hacen llegar alimentos sin preguntar.
El gobierno de Castilla-La Mancha y el Sr. Barreda como Presidente, me temo que conoce, aunque no reconoce, la existencia de situaciones al límite como esta. El problema es que la realidad del “pobre vergonzante” está ligada le guste o no, a la actitud de un gobierno, que lejos de tomar medidas de calado para superar y combatir el paro en nuestra región, las enmascara con Planes E que pretenden ocultar la caída libre del paro en Castilla-La Mancha.
Me pregunto en qué piensa el presidente Barreda cuando gasta más de tres millones de euros del presupuesto autonómico en publicidad en los nueve primeros meses del pasado año. Debemos considerar que cuando una empresa invierte en publicidad un buen pellizco de su presupuesto, a buen seguro pretende que se conozca “su negocio” y se siga confiando en “su marca”.
Pero el “negocio” y la “marca” del Sr. Barreda generan cada día más “pobres vergonzantes” con rostro, con familia y con una necesidad urgente de ayuda que les devuelva una vida digna. Por tanto, dudo que sean estos últimos, parte de los destinatarios de la inversión propagandística del presidente autonómico. Y si lo son, ¿qué impacto tendrá esta publicidad pública en su actual situación?
Estoy convencida que tanto despropósito solo puede justificarse con una pérdida absoluta de la realidad social. Y este, parece ser el caso del Sr. Barreda, que tocando la pandereta con el ruido del estatuto y comprando “cartelitos publicitarios” pretende que no se vea la ruina económica en Castilla-La Mancha.
Nuestra tierra no está para anuncios en este momento. Un presidente autonómico con los problemas que tiene el Sr. Barreda esta obligado a ejercer un gobierno coherente, que ponga en marcha medidas que permitan generar empleo estable, que cree líneas de ayuda a familias en situación de precariedad económica generada por el paro, que frene de inmediato la subida de impuestos, etc. Le sugiero Sr. Barreda, que se centre y se ponga a ello cuanto antes por el bien de nuestra autonomía, pues mantenerse en escaparate con la que está cayendo, puede acercar a su gobierno a ser considerado incompetente o lo que es lo mismo un gobierno “vergonzoso”.